La incapacidad permanente se valora a partir de reducciones anatómicas o funcionales graves que afecten a la capacidad laboral. La documentación y las circunstancias concretas determinan cada caso.
1. Conserva la resolución.
Guarda la resolución completa y anota la fecha de notificación. Su contenido permite identificar el grado reconocido, los datos que se han tenido en cuenta y las fechas relevantes.
2. Reúne los informes médicos disponibles.
Conviene conservar los informes clínicos, pruebas y documentación que refleje la evolución. No es necesario ordenar todo antes de una primera consulta: basta con disponer de lo que ya exista.
- Informes de especialistas y de atención primaria.
- Pruebas diagnósticas o de seguimiento disponibles.
- Documentación relativa a tratamientos o evolución clínica.
3. Describe la actividad profesional.
Las tareas habituales y las exigencias del puesto ayudan a situar el caso. Es útil explicar qué funciones se realizan, qué esfuerzo requieren y qué limitaciones se presentan al desarrollarlas.
4. Revisa las fechas sin demora.
Cuando ya existe una resolución, la fecha de notificación es relevante. Los trámites que puedan corresponder dependen del caso y de la vía aplicable, por lo que conviene revisar la documentación desde el inicio.
5. Valora la situación con la información disponible.
Una valoración inicial permite revisar la resolución, ordenar los documentos y determinar qué pasos pueden ser pertinentes en función de la situación concreta.